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Suena la Guitarra

 

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VICENTE AMIGO. UN MOMENTO EN EL SONIDO DEL POETA DE LA GUITARRA FLAMENCA.(Sony-BMG, 2005)

“Córdoba es tan vieja que la vida se ha hecho en ella un remanso. Todo es quieto, poético y hondo” Andrés Segovia.

 

Después de “Canto” (Sony-BMG, 2003) en colaboración con el Pele, una producción para cante y guitarra tipicamente “vicentiana”, el cabeza visible de la sonanta actual ha vuelto a encerrarse en sí mismo y plasmar una vez más con su Reyes su personalísima manera de ver y sentir el toque.

Lo primero que sorprende al escuchar  “Un momento en el sonido” es su desnudez. Después de afirmar y confirmar su personal estilo en “Ciudad de las Ideas” (BMG, 2000), Vicente parece renunciar a cualquier tipo de artificio y presentar de forma desnuda su música. Ha dejado de ser el joven renovador del toque de “ corazón al aire” (Sony, 1991) y de “Vivencias imaginadas” (Sony, 1995), el “Poeta” (Sony, 1997) en busca de experiencias, el productor de discos-éxitos para cantaores y cantaoras, el picotear aquí y allá colaboraciones  y premios “glamurosos”. Vicente se ha hecho hombre, ya es padre de dos hijos, madurez y experiencia sentimental con las que parece haber cambiado el rumbo de su mirada y fijarse en prioridades más esenciales.

La primera renuncia es la de su característica “rever”. Es lo que me llamó poderosamente la atención al pinchar por primera vez el disco. Su soberbio sonido,  envolvente, tan omnipresente, se ha vuelto ahora más vulnerable, natural. Y la verdad que me gusta mucho más así. De repente lo siento más cercano, más humano.

Luego la sobriedad en los apoyos. Si sigue siendo el líder del flamenco rítmico y percusivo iniciado por Paco de Lucía, construido en torno a una sofisticada base rítmica de apoyo, Vicente se muestra ahora austero y coloca solo lo imprescindible para la característica fluidez y dinámica de su fraseo. Llama la atención la falta de sofisticación en la base, el aspecto casi neutral de la producción en este aspecto. Basta para estar convencido escuchar el colchón de palmas repicadas en la rumba “Demípatí” , antitesis de las que ha grabado hasta ahora; ya no repite varias veces una melodía pegadiza y radiable, sino que la empieza sorprendentemente con un arpegio en los bordones a modo de estribillo, y desarrolla sobre ello partes improvisadas. Si en las bulerías “Campo de la verdad” y “Rocamador”  (donde suena el popular “El Vito”) volvemos a escuchar su estilo inconfundible de bordonazos percusivos contrastados con un personal y sentido canto en las primas y su marcado gusto por situarse desde el flamenco modal al límite de la tonalidad menor en sus originales modulaciones, dejará sin embargo cierto protagonismo a los cantaores, especialmente a un sobrecogedor Potito cantándole a José Tomás. Además de su técnica y uso percusivo personal de la guitarra, el estilo Vicente reside precisamente en esta ambigüedad entre lo modal y la tonalidad menor. Su música, a diferencia de otros flamencos de su generación, desprende melancolía, un halo onírico de nostalgia por algo perdido, y por ello conecta con todo tipo de públicos, especialmente el juvenil. Este rasgo se aprecia en los estilos tradicionales como la soleá “Mezquita”, la taranta “Un momento en el sonido” (donde retoma una falseta grabada con Mercé), el zapateado “Oriente mediterráneo” (donde añade además la ambigüedad entre formas),  y de forma especial en la farruca “Silia y el tiempo” , para mi gusto el tema más interesante del disco, toda una recreación del acompañamiento clásico del baile por farruca. 

Pero donde Vicente se identifica mejor es seguramente en lo que llama “bolero a Marcos”, una sugerente nana a media voz como prueba de amor a su hijo recien nacido. Es quizá la cara moderna del cada vez más presente “cordobesismo” de su toque. Los que pensaban que solo golpeaba y percutía la guitarra, que solo era ritmo desenfrenado, estaban equivocados. Su guitarra al contrario transmite paz, serenidad, el lirismo casi místico y la sabiduría de una ciudad que ha sido cuna y ha visto pasar por sus murallas y  barrios lo mejor de viejas civilizaciones y religiones. Quizá el toque de Vicente no sea en el fondo otra cosa que la sombra alargada de Zyryab que susurra melodías y formas atemporales en sus oídos maravillados.      

Norberto Torres Cortés

Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número del mes de Septiembre/Octubre 2005.-