| ïVolver |
| .. |
PEDRO SIERRA. “NIKELAO”. Los alumnos becados de Manolo Sanlúcar que estábamos alojados en el dormitorio del Instituto de formación profesional del pueblo de Umbrete, a 14 kilómetros de Sevilla, teníamos un extraño compañero de habitación. Era septiembre 1984, la primera Bienal dedicada al toque, y Manolo impartía un curso de guitarra en su programación. El compañero nos despertaba todas las mañanas a las siete y media con escalas y diferentes ejercicios. No venía a desayunar con nosotros en la cantina, sino que dejaba el instrumento a la diez menos cuarto para subirse en el microbús que nos llevaba a las diez a los Alcázares, lugar del curso. Durante el trayecto, le entregaba al chófer una cinta con el último disco de Camarón, “Viviré”. Una y otra vez sonaba la bulería de la Perla o los tangos “arumbaos” mientras llegábamos a Sevilla. Faltó tres días a clase. Era uno de los participantes del 1er Concurso de Jóvenes Intérpretes, una prueba paralela al Giraldillo del Toque, que de alguna manera pretendía dar a conocer el trabajo de la última generación de concertistas. No era la primera vez que me cruzaba con él. Durante el mes de agosto lo ví en La Unión concursar para el Bordón Minero. Recuerdo todavía su presencia en una de las esquinas del Museo del Minero, picando y picando sin parar. En las otras dos esquinas, otros dos concursantes que también picaban y picaban; el Niño de Pura y Miguel Ochando. El nivel era ya terrible en esta época, y más que guitarra, aquello parecía un duelo del Oeste. 1984, aquel año fue el del Niño de Pura. Ganó en la Unión y ganó en Sevilla. Afortunadamente la música no es una prueba deportiva, y es curioso ver veinte años después dónde están cada uno de los protagonistas de aquel año mágico. Nuestro incansable técnico presenta hoy un nuevo disco, “Nikelao”. Precisamente por haber “sufrido” su meticulosa disciplina de trabajo durante quince días, he seguido desde entonces su trayectoria, su presencia en discos, en recitales de Carmen Linares o de Tomatito, con el baile de Manuela Carrasco, sus producciones. Pedro Sierra es un guitarrista atípico. Quizá el primer rasgo que pueda definirlo sea la discreción. No aparece casi nunca como protagonista. Ha sido segunda guitarra durante muchos años; de Paco Cortés, de Tomatito, de Joaquín Amador. Quizá su biografía explique este segundo plano. Hijo de emigrantes extremeños, nace en 1966 en El Hospitalet, el mismo año que nace Juan Manuel Cañizares en Sabadell. Pertenece pues a la escuela moderna catalana del toque (Chicuelo nace en 1968 en Barcelona). Esta generación de emigrantes se hace inconfundiblemente guitarristas flamencos para seguir un modelo, el de Paco de Lucía. Quizá esa sea al fin al cabo la mayor revolución de Paco; sacar con su guitarra el flamenco del gueto andaluz. Un extremeño en Cataluña y un catalán en Sevilla. Pedro Sierra Marín tiene todo el perfil del desterrado que ha encontrado en el flamenco y con los flamencos, su tierra de asilo. Y entre los flamencos, la comunidad gitana. Quizá porque ella también tiene una larga experiencia de destierros y trotamundismo. No es de extrañar que su mujer sea la cantaora La Tobala o que forme parte del clan de Manuela Carrasco. Como buen discípulo de Paco, Pedro Sierra no ha dejado nunca de aprender. Después de una vida de estudio y de compartir con los flamencos de Sevilla, hoy se siente con la seguridad y el conocimiento suficientes para ser protagonista. “Nikelao” es la mejor carta de presentación de este disciplinado y eterno trabajador del toque. Refleja con igual fortuna las cuatro facetas que Pedro no ha dejado y no deja de cultivar: el toque solista, el acompañamiento del cante, el acompañamiento del baile, la producción. Confirma –y se sabe desde hace tiempo- que es uno de las guitarristas más preparados en todos lo niveles que residen hoy en Sevilla. Si tendría que poner un bemol a “Nikelao”, estaría precisamente en el aspecto local de la producción. Los arreglos musicales recuerdan demasiado lo que se hacía en los años ochenta entre los flamencos de vanguardia. El flamenco hoy musicalmente ha dejado de crecer desde Andalucía o desde Madrid, y tiene sus mejores oportunidades de enriquecimiento musical en capitales musicales donde residen los mejores de otros géneros musicales (Nueva York, Viena, Río de Janeiro, Buenos Aires, París, etc...). Pedro Sierra tiene todas las mimbres para ser uno de los protagonistas de esta nueva madurez musical del flamenco en un contexto internacional hoy diferente. “Nikelao” es su disco inconfundiblemente andaluz. Espero ahora al Pedro Sierra con colaboraciones internacionales.
Norberto Torres Cortés Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número 143 del mes de Mayo/Junio 2006.-
|
.. |
| ïVolver |
¿Quieres escribirnos?
¿Invitarnos para una juerga? Por favor, escribe
a |