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Miguel Rivera. Contrastes. PeerMusic, Creativos independientes, Madrid, 2006. www.miguelrivera.es Que la guitarra flamenca es sobre todo un sonido y una pulsación que se pueden adaptar a cualquier género musical resulta evidente después de escuchar Contraste, el nuevo disco de Miguel Rivera. Una producción para melómanos sin prejuicios que gustan de las obras bien hechas, sin agresividad y con carácter introspectivo. Desde su formación y larga colaboración con Victor Monge “Serranito” a quien dedica el disco y del cual recuerda el sonido de guitarra, especialmente en los bordones, Miguel Rivera es de alguna manera otra voz de la guitarra flamenca madrileña que está ampliando el registro musical del toque. Estamos lejos de la escuela de Caño Roto, y cerca de otros concertistas como Juan Carlos Romero, Oscar Herrero, Juan Diego, Rafael Riqueni o del propio Serranito en su última obra Sueños de ida y vuelta. Lo primero que llama la atención en Contrastes es la producción, con una contundente presencia del sonido de guitarra. Miguel Rivera incide particularmente en el uso melódico de la sonanta, bien como voz solista, bien dialogando en dúo o trío con el piano y/o el violín. Luego llama la atención el equilibrio entre los bordones y las primas en las guitarras que usa e imagino, en un cuidado trabajo de masterización. El resultado es un instrumento claramente usado para expresar sugerentes melodías, y en menor lugar para armonizar rítmicamente. Las formaciones de cámara que predominan claramente en el disco funcionan como verdaderos tríos, cuartetos o quintetos, con la combinación siempre melódicas del piano, violín, contrabajo, chelo y voz (la de Eva Durán), con el apoyo de las imprescindibles percusiones del flamenco de hoy. Desde la canción “Sábanas de hiel”, el tema descriptivo “Amanecer en Madrid”, el zapateado hispano “De la Habana a Cádiz”, pasando por el vals “Arcoiris” hasta el tango-milonga “Yerbamente” a modo de desarrollo piazzollano sobre La Tarara, asistimos a verdaderos diálogos melódicos entre los instrumentos, con la guitarra como voz cantante. El carácter dialogante del disco aparece también en temas más cercanos al flamenco, como los tangos “Dulce pasión” o la bulería “Bajo la luna”, manos a manos entre la guitarra flamenca de Rivera y la voz de la cantaora Eva Durán, los jaleos “Burbujas de nácar”, alegre estribillo a dos guitarras con partes improvisadas, o la incorpórea rumba “Cálida brisa” , ligera conversación distendida entre el saxo soprano y la guitarra solista. Más que valorar la cálida guitarra de Miguel Rivera, conviene destacar el cuidado de los arreglos que permite a cada instrumento convivir con los demás y expresarse en libertad. Tres temas guitarrísticos completan a modo de contrastes esta segunda entrega discográfica del concertista madrileño: el breve trémolo “Confluencia”, obra del compositor cubano Eduardo Martín, donde Rivera utiliza técnicamente el trémolo especial de Manolo Sanlúcar con tempo variable en los bajos, la soleá “Castroverde”, esencia austera de toque como las últimas soleares de Paco de Lucía, y la taranta “Añoranza”, también intimista y a media voz, con su recurrente utilización de relajados arpegios. Miguel Rivera confirma una vez más con Contrastes que lo marcadamente flamenco y la técnica están pasando hoy a un segundo lugar en el toque de hoy, que prioriza ahora la expresión intimista desde la melodía para evolucionar musicalmente. Norberto Torres Cortés.- Articulo publicado en revista "El Olivo nº 145, Septiembre/ Octubre de 2006
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